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Está ubicada en la Av. 9 de Octubre y Pedro Carbo y en el centro se levanta la estatua del eximio tribuno guayaquileño, Don Vicente Rocafuerte.
En la actualidad la plaza es lugar de exposiciones al aire libre y de obras de teatro, así como de festejos populares y mítines políticos. Lugar preferido por los turistas para fotografiarse debido a su peculiar estilo y a la cantidad de palomas que allí habitan. Caminando un poco más se pueden encontrar artesanías realizadas por otavaleños y si se quiere probar suerte también aquí están los locales en los que se venden los boletos de la Lotería Nacional.
El plano más antiguo que se conoce de Guayaquil, incluido en la obra sobre la descripción de la ciudad, de autoría de Dionisio de Alsedo y Herrera y publicado en Madrid el año de 1741, ya la registra. Es la tercera en antigüedad en la ciudad y su nacimiento se conecta con el traslado de la orden Franciscana a Ciudad Nueva, la primera década del siglo XVIII. Tiene en su historia una simpática leyenda que se detalla a continuación.
Una leyenda conocida como “Las palomas de Fray Simplón”, cuenta que, siendo Gobernador de Guayaquil Bartolomé Cucalón y Villamayor, al no tener simpatías por el cura párroco de San Francisco, amenazó con tumbarle la iglesia si este no procedía en una semana a reconstruir la torre que la iglesia tenía destruida. Se dice que “Fray Simplón, quien amaba mucho a las palomas que habitaban en la torre, pidió a Dios un milagro, faltando tan solo 24 horas para que el plazo se cumpliera. Aquella noche un intenso rumor se sintió sobre la ciudad, como si una gigantesca bandada de palomas surcara los cielos. Al otro día y ya cuando los primeros rayos del sol alumbraban tanto plaza como iglesia, Guayaquil y su Gobernador pudieron apreciar un extraordinario prodigio, pues la iglesia ostentaba una nueva torre perfectamente edificada y construida, según cuenta la tradición por las palomas, viejas inquilinas del lugar.”
Dirección: Av. 9 de octubre y Pedro Carbo.
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